En 1994, el neurólogo Antonio Damasio, publica su libro "El error de Descartes" donde trata el problema mente-cerebro. Según el autor, el error que cometió Descartes fue el de separar la mente del cerebro y del cuerpo. La actividad mental, el pensamiento, es algo muy distinto de la actividad corporal y Descartes concede prioridad al pensamiento pues a partir de él es como deduce el ser: "Pienso, luego existo".
Antonio Damasio, uno de los más importantes neurólogos de nuestro siglo, se opone a esa separación cartesiana entre mente-cerebro y a la prioridad de lo mental sobre lo corporal o cerebral ya que en cierto modo la mente es resultado del desarrollo de una consciencia elemental que hizo su aparición en algún momento de la evolución. Así, para él, lo primero fue el ser y luego el pensar:
"Pero mucho antes del alba de la humanidad, los seres eran seres. En algún punto de la evolución, comenzó una consciencia elemental. Con esta consciencia elemental vino una mente simple; con una mayor complejidad de la mente apareció la posibilidad de pensar y, aún más tarde, de utilizar el lenguaje para comunicar y organizar el pensamiento. Así, pues, para nosotros en el principio fue el ser, y sólo más tarde fue el pensar (...)" . Antonio Damasio "El error de Descartes".
Se pregunta Antonio Damasio en su libro que por qué no hablar, por ejemplo, también del error de Platón y no sólo de Descartes ya que Platón también tenía una concepción dualista del ser humano. Ante esa cuestión responde que solo se mete con Descartes porque hay aspectos de la mente, el cerebro y el cuerpo, con respecto a los cuales el error de Descartes sigue teniendo influencia, lo que nos indica la actualidad de nuestro filósofo.
Las influencias de las que habla Damasio son negativas:
1.- "La idea de una mente separada del cuerpo bien pudo haber sido el origen, a mediados del siglo XX, de la metáfora de la mente como un programa informático" y esto supondría que se puede intentar comprenderla sin apelar a la neurobiología. La medicina se centró en el estudio del cerebro y "su producto más precioso, la mente, tenía poco interés para la medicina corriente y, de hecho, no ha sido el objetivo principal de la especialidad que surgió de las enfermedades cerebrales: la neurología. (...) El resultado de esta tradición ha sido un abandono notable de la mente en tanto que función del organismo"· Antonio Damasio echa la culpa a la separación cartesiana entre "res cogitans" y "res extensa" de este olvido de la mente como objeto de estudio de la medicina:
"Durante los tres últimos siglos, la finalidad de los estudios biológicos y de la medicina ha sido la comprensión de la fisiología y la patología del cuerpo propiamente dicho. La mente quedaba fuera, abandonada en gran parte como objeto de la preocupación de la religión y la filosofía e, incluso después de haberse convertido en el foco de una disciplina específica, la psicología no empezó a obtener entrada en la biología y la medicina hasta hace muy poco".
Todo esto ha sido la causa, según él, de que la mente no se haya intentado comprender en términos biológicos y de que se haya tenido una visión distorsionada del organismo humano que ha influido en el tratamiento sobre las enfermedades humanas. Antonio Damasio deja caer que, quizás, el creciente éxito de formas "alternativas" de medicina sea una consecuencia de un alejamiento progresivo de ese abismo entre cuerpo y mente.
2.- Explicar la mente únicamente en función de acontecimientos cerebrales también sería para Damasio un error ya que él cree que hay que tener en cuenta al resto del organismo y al ambiente físico y social que lo rodea.
3.- La idea de una mente separada del cuerpo parece asimismo ser la causa de pasar por alto, no solo, las consecuencias psicológicas de las enfermedades corporales sino también al revés: la influencia psicológica sobre el cuerpo. En este último sentido nos recuerda el autor la influencia del efecto placebo y lo que decían nuestras abuelas sobre el efecto perjudicial de las penas, la preocupación obsesiva y la ira excesiva en nuestro organismo pues afectan a nuestro corazón y producen úlceras.
"Como hubiese conocido que había de haber presto gran cosecha de aceite, tomó en arriendo muchos olivares (...)". Diógenes Laercio "Vidas de los filósofos más ilustres"
Translate
Mostrando entradas con la etiqueta Mente - Cerebro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mente - Cerebro. Mostrar todas las entradas
viernes, 23 de mayo de 2014
martes, 10 de diciembre de 2013
Frente a la "Indefensión aprendida"
Una de las expresiones que más ha llamado últimamente mi atención es la de "indefensión aprendida" utilizada por el psicólogo Martin Seligman para denominar aquellas situaciones en las que un animal o una persona considera que ya no puede hacer nada por remediar una situación perjudicial para ella ya que lo ha intentado muchas veces y sin resultado alguno. Como consecuencia de esa convicción de que no puede hacer nada por cambiar la situación perjudicial acaba perdiendo todo tipo de motivación para continuar intentándolo: ha "aprendido" a no defenderse,podríamos decir o, lo que es lo mismo, "ha tirado la toalla".
Uno de los principales peligros de dicha "indefensión aprendida" sería que puede predisponer a algunas personas a no saber o no querer actuar ante la adversidad, a renunciar, y frente a ese peligro nos dice el libro de psicología donde encontré esa expresión que parece claro que si queremos educar a los hombres para realizar el máximo esfuerzo para mejorar su situación en la vida debemos infundirles muy pronto en su vida la creencia de que tienen poder para hacerlo. Y eso implica, nos sigue diciendo, una gran sensibilidad por parte de los padres y también, como no, de los educadores.
Uno de los principales peligros de dicha "indefensión aprendida" sería que puede predisponer a algunas personas a no saber o no querer actuar ante la adversidad, a renunciar, y frente a ese peligro nos dice el libro de psicología donde encontré esa expresión que parece claro que si queremos educar a los hombres para realizar el máximo esfuerzo para mejorar su situación en la vida debemos infundirles muy pronto en su vida la creencia de que tienen poder para hacerlo. Y eso implica, nos sigue diciendo, una gran sensibilidad por parte de los padres y también, como no, de los educadores.
lunes, 7 de octubre de 2013
¿Existen los colores?
"Sartal" Cuadro de Antonia García Villacañas
Una de las ideas que más me ha llamado la atención del libro Cómo percibimos el mundo del catedrático de Psicobiología Ignacio Morgado es que la luz y los colores que vemos no existen fuera de nosotros. Serían sólo creaciones de nuestro cerebro y de nuestra mente a partir de la transformación de un determinado tipo de ondas electromagnéticas con longitudes de onda comprendidas en un determinado umbral perceptivo que determina nuestra visión, de modo que ni por debajo del mismo - 400 milimicras, color violeta- ni por encima de él -700 milimicras, color rojo- podríamos percibir, sin ayuda alguna de aparatos de visión, ninguna luminosidad y por tanto ningún color.
El profesor Morgado nos explica en su libro cómo el cerebro convierte en luz una parte de la energía electromagnética y cómo, en función de la longitud de onda que recibe la retina, es también el cerebro el que hace posible la percepción de los diferentes colores. Ante estos hechos científicos afirma que nos podemos sentir algo desilusionados al admitir que ni el mundo ni, por tanto, las cosas que percibimos tienen color. Serían sólo materia que absorben parte de la energía con la que son iluminados reflejando el resto hacia nuestras retinas posibilitando la percepción.
La preocupación sobre los colores y su percepción es bastante antigua, aparece ya en los mismos comienzos de la filosofía. Así, el filósofo presocrático Empédocles se cuestiona allá por el siglo V a. C. cómo se produce el proceso de la visión y lo explica a partir de la unión de las emanaciones que brotan de los objetos con los rayos que parten de los ojos, unión que tiene como resultado la formación de la imagen en el ojo. Observamos que Empédocles no iba muy descaminado.
También por esta misma época otros filósofos reflexionaron sobre esta problemática, por ejemplo, los atomistas.
Así Demócrito se atreve a elaborar una teoría sobre los colores. Al nombre de Demócrito habría que sumar también el de Epicuro, Aristóteles, los estoicos y otros muchos más.
martes, 5 de marzo de 2013
¿El alma?
"El alma no es, pues, más que una palabra vacía de la que no se tiene idea y de la que una buena inteligencia no debe servirse más que para nombrar la parte que piensa en nosotros.
(...) ¿Es necesario todavía más (y por qué iría a perderme en la historia de las pasiones, cuando todas se explican por el enormôn -alma- de Hipócrates) para probar que el hombre no es más que un animal, o un ensamblaje de resortes, que se encajan los unos con los otros, sin que pueda se pueda decir por qué punto del círculo humano ha comenzado la naturaleza? Si estos resortes difieren entre ellos no es más que por el lugar que ocupan y por algunos grados de fuerza, pero nunca por su naturaleza; y por consiguiente el alma no es más que un principio de movimiento o una parte material sensible del cerebro, que se puede mirar (sin temor al error) como un resorte principal de toda máquina, que tiene influencia sobre todos los otros, e incluso parece haber sido hecho el primero, de manera que todos los otros no serían más que una emanación, como se verá por algunas observaciones que han sido hechas sobre diversos embriones.
(...) Ser máquina, sentir, pensar, saber distinguir el bien del mal, como el azul del amarillo, en una palabra, haber nacido con inteligencia y con un instinto seguro de moral, y no ser más que un animal son cosas que no son más contradictorias que ser un mono o un periquito y saber proporcionarse placer"
J.O. de La Mettrie El hombre máquina (1747)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)