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martes, 21 de mayo de 2013

Pequeñez del Yo




"En el transcurso de los siglos ha infligido la ciencia al ingenuo egoísmo de la Humanidad dos graves mortificaciones. La primera fue cuando mostró que la tierra, lejos de ser el centro del universo, no constituía sino una parte insignificante del sistema cósmico, cuya magnitud apenas podemos representarnos. Este primer descubrimiento se enlaza para nosotros al nombre  de Copérnico, aunque la ciencia alejandrina anunció ya antes algo semejante. La segunda mortificación fue infligida a la Humanidad por la investigación biológica, la cual ha reducido a su más mínima expresión las pretensiones del hombre a un puesto privilegiado en el orden de la creación, estableciendo su ascendencia zoológica y demostrando la indestructibilidad de su naturaleza animal. Esta última transmutación de valores ha sido llevada a cabo en nuestros días bajo la influencia de los trabajos de Charles Darwin, Wallace y sus predecesores, y a pesar de la encarnizada oposición de la opinión contemporánea. Pero todavía espera a la megalomanía humana una tercera y más grave mortificación cuando la investigación psicológica moderna consiga totalmente su propósito de demostrar al Yo que ni siquiera es dueño y señor de su propia casa, sino que se halla reducido a contentarse con escasas y fragmentarias  informaciones sobre lo que sucede fuera de su conciencia en su vida psíquica".
Sigmund Freud Introducción al psicoanálisis (1915-17)

Sistemas psíquicos




"La representación más grosera de estos sistemas -o sea, la especial- es la que nos resulta más cómoda. Asimilaremos, pues, el sistema de lo inconsciente a una gran antecámara en la que se acumulan, como seres vivos, todas las tendencias psíquicas. Esta antecámara da a otra habitación más reducida, una especie de salón en la que habita la conciencia; pero ante la puerta de comunicación entre ambas estancias hay un centinela que inspecciona a todas y cada una de las tendencias psíquicas, les impone su censura e impide que penetren en el salón aquellas que caen en su desagrado. (...) Esta imagen tiene para nosotros la ventaja de permitirnos desarrollar nuestra nomenclatura técnica. Las tendencias que se encuentran en la antecámara reservada a lo inconsciente escapan a la vista de la conciencia recluida en la habitación vecina, y, por tanto, tienen en un principio que permanecer inconscientes. Cuando después de haber penetrado hasta el umbral son rechazadas por el vigilante, es que son incapaces de devenir conscientes, y entonces las calificamos de reprimidas. Pero tampoco aquellas otras a las que el vigilante ha permitido franquear el umbral se han hecho por ello conscientes necesariamente, pues esto no podrá suceder más que en los casos en que hayan conseguido atraer sobre sí la mirada de la conciencia. Llamaremos, pues, a esta segunda habitación sistema de lo preconsciente. De este modo conserva la percatación su sentido puramente descriptivo. La esencia de la represión consiste en el obstáculo infranqueable que el centinela opone al paso de una tendencia dada de lo inconsciente a lo preconsciente".
Sigmund Freud "Introducción al psicoanálisis" (1915-17)

jueves, 7 de febrero de 2013

El Yo y el Ello



                                 




 Dibujo realizado por Freud

    "Un individuo es ahora, para nosotros, un Ello psíquico desconocido e inconsciente, en cuya superficie aparece el Yo, que se ha desarrollado partiendo del sistema de percepciones, su nódulo. El Yo no envuelve por completo al Ello sino que se limita a ocupar una parte de su superficie, esto es, la constituida por el sistema de percepciones, y tampoco se halla precisamente separado de él, pues confluye con él en su parte inferior (...).

    Fácilmente se ve que el Yo es una parte del Ello modificada por la influencia del mundo exterior, transmitido por el P. Cc. - Sistema de Percepción Consciente-, o sea, en cierto modo una continuación de la diferenciación de las superficies. El Yo se esfuerza en transmitir a su vez al Ello dicha influencia del mundo exterior y aspira a sustituir el principio de placer, que reina sin restricciones en el Ello, por el principio de realidad. La percepción es para el Yo lo que para el Ello el instinto. El Yo representa lo que pudiéramos llamar la razón o la reflexión, opuestamente al Ello, que contiene las pasiones.

    La importancia funcional del Yo reside en el hecho de regir normalmente los accesos a la motilidad. Podemos, pues, compararlo en su relación con el Ello, al jinete que rige y refrena la fuerza de su cabalgadura, superior a la suya, con la diferencia de que el jinete lleva esto a cabo con sus propias energías, y el Yo, con energías prestadas. Pero así como el jinete se ve obligado alguna vez a dejarse conducir a donde su cabalgadura quiere, también el Yo se nos muestra forzado en ocasiones a transformar en acción la voluntad del Ello, como si fuera la suya propia".

Sigmund Freud  "El Yo y el Ello" (1923)


Enlace a texto de Vicente Verdú "Nuestro querido Yo"